Estamos delante del puente Milvio, en una pequeña plaza junto al Tíber de donde sale via Flaminia,que llega hasta la piazza del Popolo. Gin corre por el puente y se para a medio camino, delante de la tercera farola.
- Ya estamos, es ésta de aquí.
- ¿Ésta qué?
- La tercera farola. Hay una leyenda sobre este puente, el puente Milvio o Mollo, como lo llamaba Belli.
- ¿Qué pasa?, ¿ ahora te haces la culta?
- ¡Soy culta! Sobre muy pocas cosas, pero lo soy. Como por ejemplo esta, ¿ quieres escuchar la leyenda o no?
- Antes quiero un beso.
- Vamos, escucha... Es una historia preciosa. Ésta es la tercera farola que da al otro puente...¿Ves eso de ahí?
- Sí... Me parece que alguien se ha equivocado atando la motocicleta...
- Pero ¿qué dices tonto? Es el <<candado de los enamorados>>. Se engancha un candado en esta cadena, se cierra y se arroja la llave al Tíber.
- ¿ Y después?
- Ya nunca te separas.
- Pero ¿ quién inventará esas historias?
- No lo sé. Ésta existe desde siempre, la refiere incluso Trilussa.
- Te burlas de mí porque no lo sé.
- Es verdad... Lo que ocurre es que tienes miedo de poner un candado.
- Yo no tengo miedo.
- Eso es de un libro de Ammaniti.
- O de una película de Salvatores, según se mire.
- De todos modos, tienes miedo.
- Ya te he dicho que no.
- Claro que sí, y te burlas porque no tenemos un candado.
- Quédate aquí, no te muevas.
Vuelvo al cabo de un minuto con un candado en la mano. Pongo el candado en la cadena, lo cierro y saco la llave. La mantengo un momento entre los dedos mientras miro a Gin. Ella me mira. Me desafía, me sonríe y levanta una ceja.
- ¿Y ahora?
Cojo la llave entre el índice y el pulgar. La dejo colgar un poco más, suspendida en el vacío, indecisa. Después, de pronto, la suelto. Y vuela hacia abajo, patas arriba en el aire, y se pierde entre las aguas del Tíber.
- Lo has hecho de verdad...
- Ya te lo he dicho, no tengo miedo.
Me salta encima, a horcajadas, me abraza, me besa, grita de alegría, está eufórica, está loca, está... Está preciosa.
- Eh , eres demasiado feliz. ¿Acaso funciona de verdad esta leyenda?
- ¡Tonto!

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