lunes, 27 de junio de 2011

Ho voglia di te.

Estamos delante del puente Milvio, en una pequeña plaza junto al Tíber de donde sale via Flaminia,que llega hasta la piazza del Popolo. Gin corre por el puente y se para a medio camino, delante de la tercera farola.
- Ya estamos, es ésta de aquí.
- ¿Ésta qué?
- La tercera farola. Hay una leyenda sobre este puente, el puente Milvio o Mollo, como lo llamaba Belli.
- ¿Qué pasa?, ¿ ahora te haces la culta?
- ¡Soy culta! Sobre muy pocas cosas, pero lo soy. Como por ejemplo esta, ¿ quieres escuchar la leyenda o no?
- Antes quiero un beso.
- Vamos, escucha... Es una historia preciosa. Ésta es la tercera farola que da al otro puente...¿Ves eso de ahí?
- Sí... Me parece que alguien se ha equivocado atando la motocicleta...
- Pero ¿qué dices tonto? Es el <<candado de los enamorados>>. Se engancha un candado en esta cadena, se cierra y se arroja la llave al Tíber.
- ¿ Y después?
- Ya nunca te separas.
- Pero ¿ quién inventará esas historias?
- No lo sé. Ésta existe desde siempre, la refiere incluso Trilussa.
- Te burlas de mí porque no lo sé.
- Es verdad... Lo que ocurre es que tienes miedo de poner un candado.
- Yo no tengo miedo.
- Eso es de un libro de Ammaniti.
- O de una película de Salvatores, según se mire.
- De todos modos, tienes miedo.
- Ya te he dicho que no.
- Claro que sí, y te burlas porque no tenemos un candado.
- Quédate aquí, no te muevas.
Vuelvo al cabo de un minuto con un candado en la mano. Pongo el candado en la cadena, lo cierro y saco la llave. La mantengo un momento entre los dedos mientras miro a Gin. Ella me mira. Me desafía, me sonríe y levanta una ceja.
- ¿Y ahora?
Cojo la llave entre el índice y el pulgar. La dejo colgar un poco más, suspendida en el vacío, indecisa. Después, de pronto, la suelto. Y vuela hacia abajo, patas arriba en el aire, y se pierde entre las aguas del Tíber.
- Lo has hecho de verdad...
- Ya te lo he dicho, no tengo miedo.
Me salta encima, a horcajadas, me abraza, me besa, grita de alegría, está eufórica, está loca, está...  Está preciosa.
- Eh ,  eres demasiado feliz. ¿Acaso funciona de verdad esta leyenda?
- ¡Tonto!

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